martes, 1 de julio de 2008

Continúan las nostalgias ...


XI

Para acompañarlo
la noche se vistió de tristeza.
Tuvo miedo
y me brindó sus recuerdos
para aislarlos del olvido.
Apuró el tiempo
para alcanzar al menos
una esperanza.
Amaneció.
En sus labios se dibujó
lentamente, su última sonrisa.

XII

En mí
siempre hay una
razón para la ternura
que tú —sin saber—
tanto necesitas.

XIII

Anhelaría encontrarme
con la orilla
de nuestros impulsos,
hallándome plena
en tu sexo renovado.
Quisiera sonreírle
a mi cansancio
y despedirlo,
descubriendo en mi piel
todo tu aliento.

XIV

Ya es de noche
sola en mi cuarto
las estrellas
aburridas de mi soledad
no me miran hoy
la brisa
se abre paso
por entre las ramas
del melocotonero
y sin permiso
llega hasta mi cama
en ella
se siente dueña
y acaricia mi piel
entonces
pienso en ti

XV

Cuando desees
mirar un árbol,
detén tu andar.
Contémplalo.
Mira la tierna hoja
que apenas asoma su verde
en la rama, para verte.
Mira la aferrada raíz
que anhelante pide
un poco más de la tierra.
Míralo bien.
Mañana ni el árbol, ni tú,
serán los mismos.

XVI

Ayúdame a rescatar
la añoranza tras la reja.
Cubre bien con tus rayos
a la nostalgia que se aleja.
No me dejes más a solas
sin candor que me proteja.
Haz algo por mi amor
dice que se va y me deja.

XVII

Fuiste tú
un pasaje fugaz,
un algo imperecedero
y a la vez perdurable.
Fuiste la mañana
que atardeció
sin permitirme
siquiera soñar.
Fuiste la pérdida
de una mentira sincera
que no llegué
a comprender.
Fuiste tú ...
y hoy eres la nostalgia
que busco para versar
aunque tan solo haga una estrofa.

XVIII

No se me permite amarte,
ni besar tus ojos dormidos,
ni añorar tu derroche de ternura.
No me está permitido mirarte
como si la lascivia de mi mirada
dañara tu gentil presencia de cordura.
Se me ha prohibido tocarte,
y creo han hecho bien
pues de hacerlo,
desataría mi locura.

XIX

A veces me escondo
y espero no me halles,
pero queriendo dar contigo
salgo,
recorro nuevamente las pupilas,
... ¡y nada!
Después te escondes tú,
te lanzas al laberinto
te pierdes con mis anhelos,
salgo,
yo de nuevo buscando tu pupila
... ¡y nada!
Ya casi me aburro
de no encontrarte...

XX

La buscaba con los ojos
cuando se le negó la mirada,
quiso percibir su voz
cuando un grito lo ahogó.
Sentía su peculiar aroma
cuando fue izado por el viento,
casi creyó rozarla
cuando se sintió tan aislado.
Sintióse desamparado,
trató de llorar y no pudo.
Entonces recordó, algo le quedaba...
... no había olvidado su sabor.
Y con ese recuerdo
pudo seguir viviendo.

1 comentario:

vocesdehoy dijo...

Y que sigan las nostalgia, si nos traen tanto sentimiento como éste que acabo de leer. Me gusta ese lenguaje sencillo que dice, que transmite.
El poema XV, es una maravilla. El verso final es la propia vida:
"Míralo bien.
Mañana ni el árbol, ni tú,
serán los mismos."

Un abrazote cubano