miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pepe Sánchez, cubano


Poeta, narrador y ensayista nacido en Cumanayagua, privilegiado lugar del centro de la Isla de Cuba, quien ha publicado varios poemarios, entre los cuales se destacan: Sueños del tiempo, Alfanjes de luz, Paradoja del hombre en su ciudad, Caballos sobre el césped y otros, ha recibido en estos días la noticia de haber obtenido el segundo lugar del prestigioso Premio Mundial de Literatura Andrés Bello, Versión Poesía, 2009, con su obra Piratas en el alma.

Desde este blog quiero enviarle un fuerte abrazo a este amigo, Presidente de Cuba en la Unión Hispanoamericana de Escritores. Decidí no esperar por él y publicar un poema que ya yo tenía en mi poder y que me gusta mucho, se trata de:

Del delirio y la utopía

A mí, por el solo lirismo,
una sonrisa de mujer me desarma,
me quita la camisa de fuerza del corazón
como espigas dobladas por el fervor;
sobre todo, cuando más acá de sus labios
la noche hambrienta es una espada desnuda
y los malcriados párpados de sus ojos
cierran las señales de alarma y abren
una indiscreta invitación a la complicidad.

A mí, sin la bruma del romántico,
la mirada de una mujer me descubre
el rompecabezas del delirio y la utopía;
pone satélites espías a girar sobre mi cama
y avienta una alegría codiciosa,
de cantos y cuchillos lanzados
al borde del tiempo y los augurios,
como soledad de agencia, como miedos a crédito
y manos en un búcaro florecidas por el intento,
como la última forma de seducir a la vida.

A mí, con su luz de oficio,
unas manos de mujer me levantan,
me iluminan de raíces las vidrieras del alma,
puedo decir que lamen la aventura de mi cuerpo
y ponen un salterio a respirar con las dudas,
un quitabrumas donde la voz ya no abriga,
y entonces hay que comulgar con ese fuego coral
y su antigua danza sobre la piel,
sostenerse, a duras penas y glorias,
en los andamios febriles de su aliento.

A mí, contra todo pronóstico,
el olor a naufragio de una mujer
me levanta y me descubre a la vez,
lírico y romántico, casi por oficio,
como un condenado a la espuma
tenaz sobre su tabla de hundimiento;
y me arma, en la orilla opuesta del corazón,
con el vino de una pasión siempre nueva,
el rompecabezas del delirio y la utopía.

¡Gracias, Pepe!


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