jueves, 3 de julio de 2008

Rimas necesarias, solo para mí... y ahora para ti


Sin ti-contigo

A cada minuto te tengo presente,
a ti mi corazón, a ti mi amigo
y no me doy cuenta de que estás ausente
porque yo estoy aquí, sin ti-contigo.

Siento el latir de tu pecho de acero,
siento tu aliento y mi dolor mitigo,
siento el amor, el amor verdadero
porque yo estoy aquí, sin ti-contigo.

Las olas me traen tu sonrisa clara,
el viento la lleva y yo la persigo,
como si se fuera y a la vez quedara
porque yo estoy aquí, sin ti-contigo.

La luz de tus ojos llega a mi presente,
quiero yo atraparla y no lo consigo,
puedo darte esta noche un beso ardiente
porque yo estoy aquí, sin ti-contigo.

Rima con urgencia

Necesito de ti como del aire,
alimento natural de mi existencia.
Necesito de tus besos, tus pasiones,
como flor al rocío, en la imprudencia.

Necesito de tu ser para mi vida,
tu sincera palabra y tu violencia.
Necesito de tu sueño, de lo íntimo
de tu felicidad en mi vivencia.

Necesito sentir junto a mi cuerpo
ese aroma inconfundible: tu presencia.
Necesito tus caricias, de tus manos,
tu ternura que proteja mi inocencia.

martes, 1 de julio de 2008

Continúan las nostalgias ...


XI

Para acompañarlo
la noche se vistió de tristeza.
Tuvo miedo
y me brindó sus recuerdos
para aislarlos del olvido.
Apuró el tiempo
para alcanzar al menos
una esperanza.
Amaneció.
En sus labios se dibujó
lentamente, su última sonrisa.

XII

En mí
siempre hay una
razón para la ternura
que tú —sin saber—
tanto necesitas.

XIII

Anhelaría encontrarme
con la orilla
de nuestros impulsos,
hallándome plena
en tu sexo renovado.
Quisiera sonreírle
a mi cansancio
y despedirlo,
descubriendo en mi piel
todo tu aliento.

XIV

Ya es de noche
sola en mi cuarto
las estrellas
aburridas de mi soledad
no me miran hoy
la brisa
se abre paso
por entre las ramas
del melocotonero
y sin permiso
llega hasta mi cama
en ella
se siente dueña
y acaricia mi piel
entonces
pienso en ti

XV

Cuando desees
mirar un árbol,
detén tu andar.
Contémplalo.
Mira la tierna hoja
que apenas asoma su verde
en la rama, para verte.
Mira la aferrada raíz
que anhelante pide
un poco más de la tierra.
Míralo bien.
Mañana ni el árbol, ni tú,
serán los mismos.

XVI

Ayúdame a rescatar
la añoranza tras la reja.
Cubre bien con tus rayos
a la nostalgia que se aleja.
No me dejes más a solas
sin candor que me proteja.
Haz algo por mi amor
dice que se va y me deja.

XVII

Fuiste tú
un pasaje fugaz,
un algo imperecedero
y a la vez perdurable.
Fuiste la mañana
que atardeció
sin permitirme
siquiera soñar.
Fuiste la pérdida
de una mentira sincera
que no llegué
a comprender.
Fuiste tú ...
y hoy eres la nostalgia
que busco para versar
aunque tan solo haga una estrofa.

XVIII

No se me permite amarte,
ni besar tus ojos dormidos,
ni añorar tu derroche de ternura.
No me está permitido mirarte
como si la lascivia de mi mirada
dañara tu gentil presencia de cordura.
Se me ha prohibido tocarte,
y creo han hecho bien
pues de hacerlo,
desataría mi locura.

XIX

A veces me escondo
y espero no me halles,
pero queriendo dar contigo
salgo,
recorro nuevamente las pupilas,
... ¡y nada!
Después te escondes tú,
te lanzas al laberinto
te pierdes con mis anhelos,
salgo,
yo de nuevo buscando tu pupila
... ¡y nada!
Ya casi me aburro
de no encontrarte...

XX

La buscaba con los ojos
cuando se le negó la mirada,
quiso percibir su voz
cuando un grito lo ahogó.
Sentía su peculiar aroma
cuando fue izado por el viento,
casi creyó rozarla
cuando se sintió tan aislado.
Sintióse desamparado,
trató de llorar y no pudo.
Entonces recordó, algo le quedaba...
... no había olvidado su sabor.
Y con ese recuerdo
pudo seguir viviendo.

viernes, 20 de junio de 2008

sábado, 14 de junio de 2008

Nostalgias para poemas

A partir de hoy, publicaré en el blog algunos "poemas sin nombre", parte de los ecos de mis antojos y que los he titulado en su conjunto como "Nostalgias para poemas". Fueron escritos en diferentes momentos de mi vida, en diferentes épocas del año, con diferentes estados de ánimo, con inspiraciones diferentes, así que tienen diferente olor, sabor y sonido (disculpen la reiteración de "diferente"). Como bien dijo --en mi opinión-- Dulce María Loynaz, "La poesía no tiene que ser útil. Tomarla como profesión o propaganda me parece como una profanación", estos poemas no son de utilidad alguna, sino que simplemente salieron de mi pecho desgarrándolo y ... ¿quién sabe? pudieran sentir que salen del pecho de cualquiera de ustedes.

I
no quiero que cuentes la tardanza
de mis húmedos deseos con tus manos,
espérame, que iré sin otro traje
que la bondad y el dulce antojo de amarte ...
... para atrapar tu luz con mis madejas,
para tejerte en torno a la esperanza
y no dejar que escondan las estrellas
tu aroma, tu anhelo, tus palabras.

II
Me vestiré de espuma,
tú en el viento
me buscarás cantando
y la guitarra llenará
de arpegios el frío aliento
cobijando tu brisa
y mi nostalgia.
Con lazos juntaremos los anhelos
y asomados a la melancolía,
reuniremos travesuras y deseos
para besarnos ... día a día.

III
Hoy tengo perdido el horizonte de mi presencia,
mi horizonte.
¿A dónde voy?
¿Por cuál camino encontraré mi verdad?
Me pierdo con la bruma de mis confusiones
y siento cada amanecer
Esta noche me despedí de la esperanza,
y prometió no volver.
¿Por qué me abandona
a solas con las culpas y los llantos?
Necesito una virtud, tan solo una,
que me rescate del insondable
abismo de lo incierto ...
... para volver a la creación de la leyenda
y encontrar mi sonrisa y mis anhelos.

IV
Anhelo aunque sea un reproche
en tu mirar
y es porque ansío
la cotidianidad
para nuestras vidas.

V
¿Has oído hablar de sueños?
Te hablo
de los que nos llevan
de la mano
por el arco iris,
de los que nos provocan
sensaciones
a la orilla
de nuestros impulsos.
Me refiero
a los que excitan
nuestra ternura,
y nos permiten
pasear junto
al hechizo
inconmensurable
de lo insólito.

VI
¿Sabías acaso
que te buscaba?
Hace muchos sueños
busco tu ternura
y mis manos
se imaginan tu silueta.
Hace muchos besos
mis labios te esperan
y mis ojos
lloran por tu ausencia.
Hace muchas caricias
mi cuerpo te llama
y mi corazón
necesita tu presencia.
¿Sabías acaso
que te buscaba?

VII
Me sale una frase
del recuerdo mismo,
hago un último intento
por poemizar mi esperanza.
Pero mohosa palabra
no cabe en este verso
y no encuentro vocablo
que no agonice en el intento.

VIII
Si se me extraviara,
aunque sea por un rato,
la tristeza ...

IX
Detengo la inspiración
de mi último poema
para abrigar una esperanza.
Memorizo la melodía
de tu voz para escuchar
lo que no has dicho.
Atrapo la ilusión
de la primera vez
para que nunca sea la última.
Guardo la sencillez
de mi intimidad para mañana,
cuando tú me necesites.

X
Cúbreme con la ternura
y dame el verso
para alcanzar tu orilla,
ocultando mi dicha
de toda impertinencia.

viernes, 6 de junio de 2008

Descúbreme

Descúbreme
en el amanecer
de sábanas limpias
y en el olor a café.

Descúbreme
en el rayo de luna
que inoportuna
tu privacidad.

Descúbreme
en tu piel,
en tu aliento,
y en toda tu sed.

Descúbreme
en el reflejo
de tu existencia
inevitable.

Descúbreme
que te espero
en la nostalgia
de tus recuerdos.

lunes, 2 de junio de 2008

Solo entonces sonreí

Nunca antes había percibido esa sensación, tan extraña...
Me encontraba en un lugar en que no había estado
y sin embargo, me resultaba familiar.
En realidad, no todo me era familiar,
pero algo me hacía no sentirme como una extraña
y no supe qué era hasta... después de haber regresado.
Entonces sonreí.

Sí que era extraño el lugar,
Todo estaba envuelto en una neblina rosa, brillante, casi transparente
y aunque hubiera parecido un paisaje agreste,
la música le proporcionaba cierta belleza.
¿La música?, sí, el ambiente era musical
y una melodiosa brisa me envolvía,
imprimiéndole caprichosos movimientos a mi túnica azul celeste.

Yo caminaba, aunque a decir verdad,
me deslizaba a pocos centímetros de aquel suelo pedregoso
de los colores más vivos que puedan imaginar.
Cuarzos, malaquitas, mica, rodomitas, aguardaban mi andar
y parecía como si me recibieran con un murmullo musical,
casi imperceptible.
Y la luz.
No sé de dónde provenía aquella mortecina luz que reinaba en el lugar.
Hubiera parecido en ocasiones lúgubre, pero no lo era.
¿Dónde estaba?
¿Cómo había llegado hasta allí?
¿Qué me había llevado hasta ese lugar?
¿Para qué?

Y todo lo contrario a lo que pudiera ser,
yo no me sentía sola aunque nadie había por aquellos solitarios parajes.
Recorrí así aquel lugar y a cada golpe de vista
recibía una impresión diferente, una belleza distinta.
De veras que es una lástima que no haya sido pintora
para llevarlo a lienzos, ni que haya sido escritora para describirlos.
Lo mismo me veía ante un paisaje volcánico,
que ante un precioso y brillante mar,
que ante una vasta llanura,
o ante una cadena de nevadas montañas.

¿Ya dije algo de la música?
Lamenté no llevar papel y pluma,
pero creo que ni habiéndolos llevado
hubiera podido trasladar al pentagrama
tan bella, extraña y sensible melodía.

Decidí sentarme en una gran roca
desde donde podía mirarme en aquella superficie brillante.
Me sentía... tan extasiada...
Un leve temblor recorrió mi cuerpo, ya no estaba sola,
en la brillante y azulada superficie apareció ÉL.
¿Sería cierto?
No quería levantar los ojos
para no tropezar con la triste realidad que no estuviera.
Pero aquella sonrisa me decía, como otras veces:
“Ya estoy aquí, ven...”

Fue entonces que mi mirada tropezó con la de ÉL,
solo entonces sonreí.
¡Era ÉL!
Yo sabía que volvería a verlo...,
me vi de pronto en sus brazos,
mis labios se confundieron con los de ÉL y pude acariciarlo,
sus dedos se enredaron en mis cabellos,
mis uñas arañaron suavemente su espalda...

No nos dijimos nada, la música nos embelesaba
y si nuestra unión siempre había sido bella,
lo era más aún...
Nada enturbiaba la armonía del momento,
ciegos de ensueño nos amamos intensamente
hasta que el rocío del amanecer humedeció nuestra piel,
refrescándola.

Fue entonces cuando le pregunté:
“¿Dónde estamos?”
Y me contestó:
“En mí”.

No sabía yo cómo había llegado hasta allí,
pero nada me interesaba a no ser el disfrute del lugar,
del amor, de nuestro amor.
Caminamos de la mano bajo aquel cielo iluminado por tres soles;
ahora me daba cuenta que no era azul, era rosa.

ÉL se acercó al suelo y escogió una pequeña piedrecita
que despedía destellos arco-iris. Me la regaló.
¡Cuán bella era!
La contemplamos unos segundos en mi mano derecha y la cerré,
queriendo atrapar con ello la felicidad.

Nos amamos nuevamente,
con vehemencia nos besamos,
nos entregamos el uno al otro, como tantas veces...

Presentía que el momento de la despedida iba a llegar
—no me pregunten por qué—,
pero no quería pensar en ello.
Pretendía tan solo ser feliz..., nuevamente.
Hubiera preferido quedarme, no regresar nunca más, pero...
... desperté. A mi lado, el espacio vacío de ÉL.
En mi pecho, el libro que leía antes de dormirme;
el diario de mi esposo en la expedición a aquel planeta,
de la cual no pudo regresar más.

De mi mano derecha salían unos destellos arco-iris,
la abrí y no me cansé de mirar una diminuta y extraña piedrecita...
... solo entonces sonreí.

domingo, 1 de junio de 2008

A ti

A ti, mi fiel amado,
estos versos.
Tú, que estás
presto siempre a la caricia,
en las noches cálidas,
en las mañanas frías.

A veces
me entrego a ti
con toda mi sed,
tu caricia me envuelve,
tu aroma me embriaga,
y resbalas sobre mi piel.

A veces
vienes tú a mí
con toda tu humedad,
tu aroma me envuelve,
tu caricia me embriaga,
y en ti resbala mi piel.

A veces,
a veces.
Pero estás siempre allí.
esperando mi piel
y urdiendo nuevas caricias.
Por eso ahora,
en que no puedo estar contigo,
te recuerdo y susurro:
¡Gracias, mar!